LA PRIMERA NAVIDAD (II)
Como estamos diciendo, los evangelistas presentan los relatos del nacimiento como parte de su proyecto teológico, todo en ellos está al servicio de la gran pregunta: ¿quién es realmente Jesús de Nazaret?
Pero para entender la respuesta que da cada uno de ellos a esta pregunta hay que caer en la cuenta de cuál es el contexto en el que crearon su evangelio y a qué tipo de comunidad se dirigía.
Solemos pensar que el origen del cristianismo fue unitario, pero en realidad las comunidades cristianas de los orígenes fueron muy diversas geográfica, cultural y socialmente. Por eso, para entender bien los evangelios es necesario conocer cuándo y para quién fueron escritos.
Igual que el resto de los evangelios, los relatos del nacimiento y la infancia
Empecemos por Mateo.
Mateo escribe para una comunidad judeo-cristiana, es decir, cristianos de origen judío que se encuentran enfrentados al grupo fariseo que era quien dominaba el judaísmo de la época. Por eso, Mateo tiene mucho interés en presentar a Jesús como el verdadero Mesías, el heredero de las antiguas promesas al pueblo de Israel. Quiere transmitir a quienes escuchan su evangelio que siguiendo a Jesús como Mesías, no está siendo infieles a las tradiciones de su pueblo, sino todo lo contrario; Jesús es el verdadero Mesías, el que estaban esperando y será quién lleve las antiguas promesas a su plenitud.
Para ello, utiliza varias estrategias.
Primera: las “fórmulas de cumplimiento”. Es decir, aplicar a Jesús textos del Antiguo Testamento con una fórmula que se repite de manera parecida: “esto ocurrió para que se cumpliera lo anunciado por el profeta”. En su evangelio, Mateo lo usa 14 veces, 5 de las cuales están en los relatos de la infancia.
· 1, 22 (Isaías): la virgen concebirá y dará a luz un hijo.
· 2,5 (Miqueas): de Belén saldrá un jefe que será pastor de mi pueblo.
· 2,15 (Oseas): de Egipto llamé a mi hijo.
· 2, 17 (Jeremías): Raquel que llora por sus hijos.
· 2,23: le llamarán Nazareno. Esta cita no existe, es un invento puro y duro de Mateo.
En realidad, las otras tampoco son predicciones del futuro, sino que originalmente se refieren a acontecimientos presentes de quien lo escribe o incluso referencias al pasado.
Pero, esta lectura del Antiguo Testamento rastreando todo aquello que puede iluminar la fe en Jesús, ayudó mucho a los primeros cristianos a entender lo que estaban viviendo. En cualquier caso, este es el argumento profético: el cumplimiento de la profecía demuestra que Jesús es el Mesías.
Segunda: Mateo (igual que veremos luego en Lucas) afirma que Jesús nace en Belén. En realidad, hoy en día la mayor parte de los especialistas creen que el lugar de origen de Jesús fue Nazaret, de ahí el apelativo común de Jesús de Nazaret. Entonces ¿por qué esa afirmación tan rotunda sobre Belén?
Hay que tener en cuenta que en la antigüedad la familia y el lugar de nacimiento eran fundamentales para conocer el profundidad a una persona. Belén es el lugar de origen del rey David, una figura legendaria que era uno de los grandes personajes que se consideraban que servían como modelo del futuro Mesías. Es decir, el Mesías sería un “hijo de David”. Para expresar esta realidad y reforzar la idea de que Jesús es verdaderamente el Mesías, Jesús debía nacer en Belén y dentro de la familia de David, tal como se afirma de José.
Dicho de otra manera, Belén no es un lugar geográfico, sino un lugar teológico, que sirve para afirmar que Jesús es el “hijo de David”, el Mesías.
Tercera: el otro gran personaje que en el imaginario israelita debía servir como modelo del Mesías era Moisés, el liberador de Egipto. Si nos fijamos bien, descubrimos en el relato de Mateo un paralelismo entre Jesús y Moisés que se ve en dos episodios:
· Ambos héroes están sometidos a la amenaza de poderes injustos y opresores desde el momento de sus nacimientos. El nacimiento de Moisés está teñido por la matanza de los varones hebreos recién nacidos, ordenada por el Faraón; el de Jesús sufre la represión de Herodes con la famosa matanza de los inocentes.
· Moisés mata a un capataz egipcio que estaba maltratando a un esclavo israelita y se ve obligado a huir de Egipto y refugiarse en el desierto. Mientras que Jesús y su familia ante la amenaza de Herodes, huyen a Egipto.
De paso, Mateo usa este episodio de la huida a Egipto para resolver la cuestión de por qué Jesús aparece después en Nazaret y desde el principio está con su familia en Belén. Regresan de Egipto cuando muere Herodes, pero por miedo a su hijo Arquelao, no vuelve a Judea si no que se establece al norte, en Galilea, en Nazaret.
Jesús es, pues, el nuevo Moisés. Moisés trajo la liberación a su pueblo frente a la opresión del Faraón. Jesús también es un liberador y desde el principio se enfrenta a los poderosos de este mundo representados por el malvado rey Herodes.
Bueno, pues así, con un ojo en David y otro en Moisés es como Mateo les dice a su comunidad de judeo cristianos que Jesús es el verdadero Mesías.
Sigamos. Además de los personajes netamente judíos, Mateo introduce en su historia a unos magos venidos de oriente, que sin lugar a dudas son una creación personal del evangelista que necesita un contrapunto no judío para dejar claro el mensaje que desea transmitir.
Los magos, según el texto que leemos en nuestras biblias, no son reyes, tampoco son tres, ni se llaman Melchor, Gaspar y Baltasar… Todos esos detalles se los debemos a tradiciones posteriores. Los magos o astrólogos son personajes bastante denostados en el Antiguo Testamento, sin embargo, en la historia de Mateo juegan un papel positivo, buscan denodadamente al Mesías con más fe que los sacerdotes de Jerusalén.
Probablemente la comunidad de Mateo es una comunidad que empieza a abrir sus puertas a paganos cercanos al judaísmo no sin conflictos y resistencias. Esto puede parecernos llamativo, pero hay que tener en cuenta que en la mentalidad del judaísmo ellos eran el pueblo elegido y la convivencia con paganos podía afectar a su pureza legal. Por eso, el que aquellos cristianos que seguía siendo judíos y cumplidores de la ley aceptaran en el seno de la comunidad a los paganos fue un proceso lento y no exento de dificultades.
En el fondo, estaba en juego una pregunta decisiva: ¿la salvación que trae Jesús es para todos o solo para los judíos? ¿y si los paganos quieren hacerse seguidores del Jesús, deben cumplir la Ley? En definitiva, la cuestión era si el naciente cristianismo sería una secta dentro del judaísmo o se desarrollaría con un camino independiente.
Mateo, igual que el resto de los evangelistas, tiene claro que la salvación de Jesús es universal, es para todos. Por eso, introduce la figura de los magos que aportan una doble enseñanza. Los paganos que entran en la comunidad pueden verse reflejados en estos personajes que sin ser judíos buscan al Mesías y se acercan al pueblo judío en busca de respuestas. Para sus hermanos judíos, los magos son un aldabonazo y una advertencia en toda regla: los primeros en adorar al Mesías nos son judíos, no son ni mucho menos los sacerdotes sino unos extranjeros. Con una enorme ironía, Mateo invierte los papeles, Herodes y los representantes de la religión oficial quieren matar al Mesías, mientras que los extranjeros los buscan con buena voluntad.
Vaya, que estos personajes tan amables que recorren nuestras calles montados en carrozas en la tarde el día 5 o que representamos a lomos de camellos, son una piedra en el zapato de muchos de los destinatarios del evangelio… Ojo con el exclusivismo, ojo con considerarse el pueblo elegido.
Solo una palabra sobre dos elementos muy conocidos de la historia de los magos: la estrella y los regalos.
· Una estrella les guía en dirección oeste… Muchas veces se ha intentado dar verosimilitud al relato relacionando la estrella con un cometa (hasta se ha hablado del cometa Halley). Pero ya hemos dicho que no debe preocuparnos la historicidad del relato, sino su significado. La estrella aparece en la profecía de Balaam en el libro de los Números que también se ha asociado al tema mesiánico: “una estrella sale de Jacob, un cetro surge de Israel”.
· Oro, incienso y mirra… ¡qué regalos más extraños para un recién nacido! Los magos se postran y rinden homenaje a Jesús como rey universal (oro), presencia de Dios (incienso), pero anticipando su muerte (mirra).

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