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LA PRIMERA NAVIDAD (I)

 

Echemos una ojeada al nacimiento que preside nuestras fiestas familiares.   Ahí están la Virgen, San José, el Niño (ya crecidito como de varios meses) con la mula y el buey, puede que un establo o tal vez una cueva, los ángeles con la estrella, los magos con sus camellos y los pastores con sus regalos, las lavanderas, Herodes y sus guardias y si el nacimiento es un poco grande, habrá sitio para el panadero, una huerta, una carpintería, una legión romana marcando el paso y en un rinconcillo hasta un señor con barretina haciendo sus necesidades. 

 

Es como si hubiéramos cogido las narraciones evangélicas del nacimiento de Jesús, hubiéramos agitado sus páginas y volcado sobre el musgo y el corcho blanco a los personajes que imaginaron Lucas y Mateo mezclados con escenas sacadas del arte, el folklore, los villancicos, el cine y hasta la publicidad. Y es que es imposible encontrar en toda la tradición cristiana relatos que hayan excitado tanto la imaginación de los fieles de todas las épocas. Sus imágenes reales o imaginadas se han fijado en nuestra memoria y forman parte del patrimonio cultural más celosa y devotamente guardado por miles de familias, sean o no cristianas. Tanto y tan bien se han grabado estas imágenes en nuestras cabezas que ya no sabemos lo que está escrito en el evangelio y lo que ha sido creado y recreado a lo largo de los siglos.

 

Por eso es importante acercarnos a los textos tal como fueron escritos. Esa es la única manera de tratar de desentrañar toda la riqueza del significado de unos relatos que fueron escritos para contestar la pregunta fundamental que recorre transversalmente los evangelios: ¿quién es Jesús para nosotros?

 

 Vamos a acercarnos a los textos de la primera Navidad desde esa perspectiva. Empezaremos por hacer dos constataciones muy relevantes:

 

·      En primer lugar, hay que caer en la cuenta de que solo dos de los evangelios contienen los relatos del nacimiento y la infancia de Jesús: Mateo y Lucas. Marcos y Juan nada dicen de esto.

·      En segundo lugar, aunque la tradición los haya unido hasta el punto de hacerlos indistinguibles, ambos relatos contienen aspectos que los hacen prácticamente incompatibles. 

 

Es verdad que coinciden en datos fundamentales: los padres de Jesús son María y José, hay una anunciación a través de un ángel, María concibe a la criatura por obra del Espíritu Santo, el nacimiento ocurre en Belén y su infancia transcurre en Nazaret… pero poco más. Buenos en ambos también hay un buen número de sucesos extraordinarios.

 

Veamos ahora la diferencias: 

·      En Mateo

-       la anunciación es a José,

-       el nacimiento ocurre en Belén sin que la pareja se desplace desde Nazaret, 

-       los primeros que adoran al niño son unos magos de oriente que llegan hasta él siguiendo una estrella, 

-       Jesús nace en una casa, pues es allí donde lo encuentran los magos,

-       Herodes quiere acabar con el niño y la familia huye a Egipto y cuando regresan, por miedo al hijo de Herodes, se establecen en Nazaret,

-       se nombran cinco sueños con los que Dios se comunica con José y con los magos,

-       se citan cinco textos del Antiguo Testamento que se cumplen en la historia del nacimiento.

·      En Lucas:

-       la anunciación es a María,

-       Jesús nace en Belén porque sus padres viajan hasta allí desde Nazaret debido al censo romano,

-       Jesús nace en un pesebre,

-       los primeros que reciben el anuncio son los pastores,

-       y no a través de una estrella, sino por medio de un coro de ángeles,

-    en Lucas no hay magos, ni sueños, ni cumplimientos bíblicos, ni matanza de los inocentes, ni huida a Egipto…

 

De todo esto podemos sacar una primera conclusión: si Mateo y Lucas hubieran querido narrar el nacimiento de Jesús como si fuera el comienzo de una biografía moderna no cabe duda de que hubieran coincidido mucho más… si estas narraciones se basaran en los testimonios de los testigos presenciales… ¿cómo olvidar una estrella viajera, un coro de ángeles, unos magos venidos de lejos…?

 

Es decir, el interés de los evangelistas al componer sus relatos no era histórico en el sentido que nosotros damos a la palabra historia, sino teológico. No les interesaban los hechos objetivos, sino su interpretación, su sentido. Espero que no nos llevemos mucha desilusión si decimos que en realidad poco sabemos de cómo fue realmente el principio de la vida de Jesús… Pero, ¿eso quita algún valor a estos relatos? ¿es que no son verdaderos? De ninguna manera, estas historias encierran grandes verdades, digamos que tienen un tesoro escondido.


Vamos a avanzar en la búsqueda de ese tesoro.

 

Es importante tener en cuenta el sentido que tenían las tradiciones del nacimiento de los grandes personajes de la antigüedad, especialmente en la literatura helenística y en la judía. En estos relatos son frecuentes la aparición de ángeles o dioses, los mensajes divinos, las amenazas a la vida del protagonista, los signos para confirmar la elección divina, etc. Igualito que lo que cuentan Lucas y Mateo.

 

Por ejemplo, Suetonio cuenta que cuando una profecía anunció el nacimiento de un rey para Roma (éste sería el emperador Augusto), el Senado decretó la muerte de los niños nacidos aquel año para evitar el fin de la República. Este historiador también se hace eco de la concepción prodigiosa del primer emperador Romano, que era hijo de Acia y del dios Apolo. También Alejandro Magno y el general Escipión fueron fruto de concepciones divinas… 

 

Tanto en la tradición judía como en la romana el nacimiento de los personajes importantes y predestinados a grandes hazañas (reyes, profetas, sabios, héroes o emperadores) estaba rodeado de sucesos extraordinarios. Lo importante no era contar lo que ocurrió (que normalmente se desconocía porque nadie se dedicaba a tomar notas sobre partos, crianza de bebés o vidas infantiles) sino que eran una inigualable expresión del significado que la vida de ese personaje tenía para las personas que escribieron tales relatos. Es decir, no tenían una función histórica, sino de propaganda.

 

Por ejemplo, Suetonio cuenta que cuando una profecía anunció el nacimiento de un rey para Roma (éste sería el emperador Augusto), el Senado decretó la muerte de los niños nacidos aquel año para evitar el fin de la República. Este historiador también se hace eco de la concepción prodigiosa del primer emperador romano, que era hijo de Acia y del dios Apolo. También Alejandro Magno y el general Escipión fueron fruto de concepciones divinas… 

 

Los relatos del nacimiento de Jesús se tienen que enmarcar en este contexto cultural y literario, en el que este tipo de historias al contar cuándo, dónde y cómo nació el personaje están hablando de su personalidad adulta, de su misión en la historia y de la significación que su vida y sus palabras han tenido para la posteridad.  

Comentarios

  1. Fantástico!!! en todos los sentidos. Muchas gracias, Fernando

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